Domingo 19 de marzo de 2017, 02:26

Vivir de la artesanía, una tarea para nada fácil

Vivir de la artesanía no parece tarea fácil. Lo hecho a mano gusta siempre, pero generalmente las personas que ven esos productos suelen comentar lo carísimo que es todo. ¿Realmente está valorado? En general las personas no tienen una idea clara de los procesos, de lo que ha costado llegar a ese producto final que están viendo. Desconocen si hubo de repetirse la pieza porque se rompió, el tiempo que se le dedicó a cada una de las piezas, las herramientas, los materiales.

Se los ve abocados a sus creaciones, tan cuidadosos de los detalles y absortos, que pueden generar la fantasía de que lo suyo es un entretenimiento constante. Y hablando con ellos se puede conocer de la gran libertad con la que encaran cada obra y la enorme responsabilidad que cargan al ser sus propios jefes. Son los artesanos. Varones y mujeres que intentan vivir de su trabajo, porque cuando comienzan los encargues y se establecen las fechas de entregas, la maquinaria se ha puesto en marcha.

La Verdad visitó a dos artesanas, que día a día trabajan y elaboran sus productos para vender en las ferias.

 

“El trabajo es duro”

Evangelina Fulcheri es una de las artesanas que expone sus creaciones en las ferias de Junín y también de la zona. Trabaja el cuero, y hace carteras, billeteras, cinturones y materas, entre otras cosas.

“Hace ya cinco años que trabajo con el cuero y hago un poco de todo. Todo comenzó con el telar, pero como era algo que no tenía demasiada salida, aprendí a trabajar el cuero y seguí con esto. Un amigo artesano fue el que me enseñó todos los secretos. Compró todos los insumos en Buenos Aires y acá lo armo. El cuero viene natural y yo lo tiño del color que quiero. Luego hago el cincelado, que es totalmente a mano y uno por uno, y se colorea”, comenzó contando Evangelina Fulcheri.

Luego, dijo que “el trabajo es duro, vivo de esto, no tengo otros ingresos. Hace un año atrás vivía mucho mejor, pero este año viene complicado. Es por eso que, cuando no estoy en la feria de Junín, me voy a la zona, hasta 200 kilómetros a la redonda. Acá, en la Plaza Alem, tenemos un cronograma de ferias establecido por la Municipalidad. Antes, hacía dos ferias al mes, ahora ya tengo que hacer los cuatro fines de semana, porque no me alcanza el dinero”.

“La artesanía nace cuando me separé y necesité trabajar. Como sabía tejer, fue que arranqué con el telar, para luego continuar con el trabajo en cuero. Yo trabajo en serie y luego voy ensamblando. Lo que más tiempo lleva es el cincelado. Ahora, vivir de esto se complica, pero está complicada la situación en todo el país. No hemos aumentado el precio de los productos, porque si no la gente no compraría. Reconozco que pierde valor mi trabajo, en estos momentos donde hay que subsistir”, puntualizó.

 

“Fue una buena elección haberme

decidido a hacer algo”

Rosa Yacanto también recibió a La Verdad en su casa, que es donde trabaja. Lo de ella fue distinto, porque comenzó con esta tarea cuando sus hijos se hicieron grandes y se independizaron.

“La artesanía llegó a mí porque toda mi vida me la pasé haciendo cosas. Yo trabajo con la totora y hago bolsos. Ahora, en el verano, compró ojotas y las decoro, y las puedo vender junto con los bolsos. Lo de las ojotas no es una artesanía, es una manualidad. En cambio los bolsos, sí son puramente artesanales, porque convierto una madeja de totora en un objeto, en un producto. Yo arranco cuando me vine a Junín, hace doce años, cuando mis hijos se hicieron grandes y yo me encontré, de repente, sola con mi marido. Fue una buena elección haberme decidido a hacer algo y me anoto en un taller de arte que daban en la sociedad de fomento del barrio Padre Respuela”, comenzó contando.

Luego, expresó que “de profesora, Graciela Gasparovich, pasó a ser mi amiga y es la que me llevó a todo esto. Siempre mi fuerte fue tejer y un día me vio tejiendo una cartera con totoras, que mi madre me había traído de Mendoza. Es ahí que ofrece estar en la feria de la plaza. Cuando me aprobaron, fui a la feria y vendí todo, ahí arranqué y no paré. A veces siento que me canso, pero es terapéutico y mis hijos me insisten en que lo haga. Esto no me da de comer, a lo mejor antes sí, hace unos tres años, me servía mucho más. Pero vale aclarar que yo no vivo de esto y sé que hay mucha gente que la está peleando. Sé que el 70% de los artesanos, vive exclusivamente de lo que venden”.