Sábado 19 de julio de 2014, 06:00

Miguel Cernada, el granadero que defendió a Perón

Escribe Roberto Torres

Redacción de LA VERDAD

16 de junio de 1955. Eran las 12.30. El cielo encapotado cubría Buenos Aires. La gente poblaba las calles del centro y en la Plaza de Mayo, el hormigueo diario de las horas bancarias no impedía a los niños y ancianos jugar con las palomas. De improviso, el rugido de treinta aviones de guerra hirió las nubes. “Hay que matar a Perón”, esa era la bárbara consigna. Y comenzó el infierno.

En octubre de este año, Miguel Cernada cumple 80 años. Ese 1955 –hace casi seis décadas- con 20 años le tocó el servicio militar obligatorio. Lo inició en los cuarteles de nuestra ciudad y un mes después fue trasladado al Regimiento de Granaderos a Caballo, unidad militar que realiza la tarea de escolta y custodia del Presidente de la Nación.

El día anterior al salvaje ataque fue movilizado junto a otros efectivos del histórico regimiento creado por el General San Martín, hacia la Casa de Gobierno donde pasaron la noche. “Fuimos sin saber nada”, recuerda Miguel en diálogo con LA VERDAD. Cinco minutos antes del bombardeo, un oficial les grita a Cernadas y a sus compañeros “A las armas, a las armas” y son ubicados sobre un balcón que da a la Plaza de Mayo.

Días nefastos

de la historia

“Todo era un caos, -señala hoy Miguel, cincuenta y nueve años después- no sabíamos de donde venían ni nada. Los aviones abajo del ala tenían puesto un cartel que decía “Cristo salva”. Los vimos muy cerca, a unos 50 o 60 metros por arriba nuestro, volaron muy bajo pero increíblemente erraron el objetivo, no sé si por mala preparación de los pilotos. Una bomba explotó a 20-30 metros de la Casa Rosada, en un trolebus cargado con chicos, matando a un centenar de niños, y al otro día, encontramos otra que se había incrustado en una caja fuerte en una oficina a la que entró por el techo, sin explotar. Ese día estaba lloviznando”.

Para el granadero que defendió a Perón hubo también cierta negligencia en los jefes militares y menciona en tal sentido que una columna de granaderos pasó ese mismo día por Paseo Colón, frente al Ministerio de Marino y fueron atacados. “Tal vez hubo falta de comunicación”, estima el juninense y durante el diálogo con este diario se le viene a la memoria el recuerdo de un amigo suyo que falleció en ese ataque. Había sido asignado a una ametralladora antiaérea sobre el techo de la Casa Rosada.

Luego de ese día tan nefasto y negro para la historia argentino, Cernada y los demás granaderos permanecieron por unos cuatro días en una Casa de Gobierno sin luz, inundada porque hasta había varios caños rotos. Un cuadro realmente difícil de imaginar.

Días después fue también apostado en una residencia sobre calle Figueroa Alcorta que era usada por el General Perón y por Eva Perón, fallecida en 1953. Esa casa conservaba también prendas, vestidos y zapatos que habían sido usado por la “Abanderada de los humildes”.

Miguel Cernada estuvo nueve meses cumpliendo con el servicio militar obligatorio, lapso en el cual viajó tres veces a nuestra ciudad ya que jugaba e integraba el equipo de River Plate, de la Liga Deportiva del Oeste.

Sangre de

bravura y

valentía

Tras cumplir con el servicio militar, Miguel volvió a nuestra ciudad donde desarrolló tareas en los Talleres Ferroviarios, en la fideería El Record, también en el Matadero Municipal, entre otros trabajos. Formó su hogar con Marta Haydee Giles y es padre de dos hijos –Miguel Angel y María Cecilia-, además de ser abuelo de dos nietas.

Amante del deporte, fue uno de los fundadores de la asociación atlética Los Flamencos, una disciplina que también practicó siempre.

Miguel tuvo otros cuatro hermanos, dos mujeres –una de ellas fallecida- y dos varones. En su linaje también tiene antecedentes de bravura, de valentía, de coraje. Su abuela paterna era sobrina nieta del cacique Pincen.

Su encuentro

con Perón

Al día siguiente del salvaje ataque, la figura del General Perón apareció en la Casa de Gobierno. Los formaron a Miguel y a sus camaradas en el patio de las palmeras y allí recibieron las felicitaciones del mismo Presidente.

“Nos han cascoteado el rancho”, es una de las frases que más recuerda al fundador del Partido Justicialista, demostrando de esa manera su estilo sencillo, ameno, cercano a la gente.

En busca del

reconocimiento

adecuado

“Nadie parece acordarse de nosotros. Defendimos un gobierno constitucional y creo que eso amerita un reconocimiento”, esa es la queja de Miguel y muchos compañeros suyos que compartieron esas tristes horas de nuestra historia.

“Lo único que hicieron fue colocar una placa grande en el patio de la Casa de Gobierno con todos nuestros nombres, pero fuimos olvidados”, señala.

Periódicamente se ha venido reuniendo y reencontrándose con quienes fueron sus camaradas y compartieron esos terribles días de hace casi sesenta años. “De nosotros no se acuerda nadie”, es lo que más lamenta este heroico juninense que puso en riesgo su vida cumpliendo con su deber, un orgullo que se preserva a lo largo del tiempo.