Lunes 17 de julio de 2017, 08:01

Felker: “La violencia sobre el cuerpo de la mujer ha recrudecido”

En los primeros 10 días que trascurrieron de Julio, hubo un total de diez femicidios en el país y esa cifra, al cierre de esta edición, ha aumentado. El promedio asusta: uno por día. Es un flagelo que no sólo que no encuentra solución, si no que empeora cada vez más.

La situación es por demás de alarmante. Ni siquiera alcanzó con el “Ni una menos” porque los casos siguen pasando a diario y no parece haber piedad con las víctimas.

Para conocer en profundidad la problemática que pone en jaque a miles de ciudadanas, LA VERDAD, entrevistó a Daniela Felker.

Felker es Técnico Superior en Seguridad Publica, Diplomada en Estudios de Género, ex Titular de la Comisaría de la Mujer y la Familia de Junín.

 

-En los primeros días de julio, hubo una estadística de que hubo 10 femicidios en todo el país. ¿Qué opinión tenés al respecto conociendo la problemática?

 

-Por supuesto que este es un indicador alarmante. El femicidio es la manifestación más extrema de la violencia de género, teniendo en cuenta que la violencia de género es siempre la ejercida por un hombre hacia una mujer, y nunca a la inversa, exista o haya existido una relación íntima, amorosa o de conocimiento previo entre la víctima y su victimario.

La muerte de diez mujeres es un signo que debe preocuparnos como sociedad. Debemos reconocer que la violencia sobre el cuerpo de la mujer ha recrudecido, que los casos se replican en una seguidilla que no parece tener fin. Y es que el perfil del hombre violento es muy perverso, ve a esta mujer ya no como un ser humano igual a él, sino como una cosa de su propiedad, de su dominio, de la que puede hacer uso, abuso y destruir en cuanto quiera alejarse.

Claro que hay que diferenciar que dentro de la violencia de genero se engloban además la violencia doméstica, la violencia intramuros, la violencia sexual, violencias todas que tienen una matriz social única, que parece inquebrantable, la cosificación del sexo femenino.

 

-En el momento que te hiciste cargo de la Comisaría de la Mujer, ¿qué medidas o acciones se implementó para defender a las mujeres?

 

-En la ciudad de Junín la red de contención para las personas que son víctimas de violencias de género (intrafamiliar, sexual, entre otras) es cada vez más amplia, está cada vez más articulada, más aceitada si se quiere. Una persona realiza una denuncia e inmediatamente el aparato policial, judicial, comienza a funcionar.

Se interviene a esa mujer interdisciplinariamente (el abordaje es a través de psicólogos, trabajadores sociales, abogados), luego de la denuncia se extienden medidas de protección de manera inmediata, como por ejemplo cautelares que tiene que ver con la interrupción del contacto por cualquier medio, perímetros de exclusión (o acercamiento), exclusiones del hogar, el acceso a medios tecnológicos como lo es el botón antipático, etc. También se sitúa a la víctima en una ruta crítica que tiene que ver con su empoderamiento, con el fortalecimiento de su autoestima a través de la terapia psicológica.

Hay que saber que la agresión física es uno de los últimos estadios de este tipo de violencia; el maltrato verbal, emocional, psicológico, menoscaba profundamente a las personas, les quebranta su autoestima, ataca su dignidad, produce un daño difícil de reparar; es una recuperación que necesita de años, de apoyo terapéutico y de mucha fuerza de voluntad.

 

-¿Cuáles son las respuestas frecuentes que te brindan las víctimas luego de que sufren violencia desmedida?

 

-La verdad es que ha habido un quiebre importante en esto de ¿cómo? o ¿con que discurso? llegaba la victima hace dos o tres años y como lo hace hoy. Hace unos años la intervención se daba en un contexto de violencia notoria, con el delito en flagrancia o ya consumado (lesiones, amenazas, daños, delitos contra la integridad sexual), hoy sin embargo muchas mujeres descubren que son víctimas de violencia intramuros en un estadio más temprano, en las etapas del maltrato verbal, psicológico, emocional, y por qué no económico, reproductivo-sexual, y en este último punto me refiero a no poder elegir que método anticonceptivo usar o si se va a utilizar alguno, cuántos hijos quiero tener y cuando tenerlos … la violencia domestica tiene mucho de no libertad, de no libre albedrío, pero esta falta de libertad entendida desde cuestiones que parecen menores como por ejemplo: que actividades practicar, con que personas puedo relacionarme, como vestirme, si voy a usar maquillaje, si quiero estudiar o trabajar; decisiones que no pueden tomarse libremente y que van menoscabando la individualidad, la intimidad como ser. Hoy entendemos que ningún crimen de estas características tiene justificación.

 

-¿Qué recursos se deberían tomar para prevenir estos casos?

 

-Creo que transcurrir la temática inevitablemente te vuelve una militante. Es imposible intervenir el dolor que causa la violencia de género y no transformarse uno mismo y sus circunstancias. Creo que el trabajo más profundo de los efectores en la problemática es descontaminarse primero ellos mismos de esos preconceptos, entender que una mujer permanece en un vínculo violento porque no puede “escapar” de él. Porque no creo que nadie puede creer realmente que una persona es feliz cuando es desvalorizada, destratada, ignorada, golpeada, abusada una y otra vez.

Yo creo que quienes trabajan concienzudamente este flagelo no necesitan consejos, necesitan acompañamiento, recursos, y trabajar cuestiones de auto-cuidado porque la problemática es muy desgastante, hay que aprender a manejar la frustración que esta genera.

 

-¿Por qué muchas veces las víctimas vuelven a caer sobre estos personajes?

 

-Las víctimas de violencia intramuros son muy particulares, difíciles de abordar si se quiere, pero ¿desde qué lugar?, le pedimos a esta mujer que denuncie a una persona con la que convive, de la que depende emocionalmente, que tal vez es el único sostén económico del hogar, quien le ha hecho cree que sola no podrá, que ha cortado todos sus vínculos afectivos, que le repite una y otra vez que le va a quitar a los hijos, que va a perder la casa si se va, y ella realmente cree que lo necesita. Es una mujer a la que le han quebrado su voluntad para retenerla.

Durante años escuché el testimonio de mujeres que buscaban ayuda, que trataban de salir de relaciones violentas, retomar vínculos con sus seres queridos, rehacer sus vidas y las de sus hijos lejos de ese hombre, que juraba amarlas luego de cada golpiza, de cada amenaza, de cada destrucción de objetos preciados, que les decía “te prometo que no va a volver a pasar”, “voy a empezar terapia psicológica”, y esas promesas se daban en el mejor de los casos, porque la generalidad es que el violento las culpara de sus atropellos con “vos me pones así”, “vos me das motivos”, “¿para que me contestas si no te la aguantas?”, “viste que no te la aguantas”.

La violencia de género tiene su génesis en los procesos de socialización temprana. Si en casa vemos que papá maltrata a mamá y esta lo soporta, se van anestesiando pequeños mecanismos de alerta, se van naturalizando los gritos, las descalificaciones, el control, la violencia, los celos desmedidos, y luego, cuando me toque a mi vivir mi propio vinculo afectivo, voy a reproducir estas maneras de ser en pareja como algo de lo más normal.

 

-La Justicia, la sociedad y el gobierno de turno, ¿deberían ayudar aún más a las víctimas? ¿O están solas por momento?

 

-Hace 10 o 15 años la muerte de mujeres en manos de sus parejas o ex parejas era justificada desde la órbita de la “emoción violenta”, en el “es cosa de ellos, no hay que meterse”. Hoy pienso en el caso Alicia Muñiz, que ocurrió en el atardecer de los `80, o el caso de Wanda Taddei, en 2010, estos fueron casos emblemáticos, que comenzaron a hacer visible una problemática que estaba reservada a la intimidad del puertas adentro, fuera del ojo previsor del Estado.

Sobrevino luego el colectivo “niunamenos”, con sus marchas, las fotos e historias de las víctimas. Fue allí cuando se comenzó a introducir en el tema a académicos, a paneles de opinión, a las propias víctimas y sus historias, a sus familiares y amigos, a miembros de las ONG que trabajan la temática desde hacía años; la violencia de género se instaló en agendas de políticos y funcionarios, y la violencia de género comenzó a ser política de Estado, considerada ahora una clara violación de los derechos humanos y no ya cuestiones particulares.