Lunes 15 de noviembre de 2010, 06:00

Hugo Cullerton y un merecido homenaje en La Plata

Como por un túnel proyectado de fantásticos sueños, concretados en su mayoría, el miércoles pasado se pudo comprobar que el deporte argentino por excelencia no termina en una cancha ni en un partido. Por suerte, los valores de los humanos pasan a un plano fundamental, por más gloria que haya, y que en Estudiantes de verdad la hubo.

Catorce ex futbolistas de la Tercera, con el DT Miguel Ignomiriello aún en pie y riéndose como un chico; ocho integrantes del cuerpo técnico que incluía insólitamente a un pedicuro, un sociabilizador y hasta un transportista propio, algo que ningún equipo realmente atendía en esos tiempos.

Trece integrantes del equipo de Don Osvaldo Zubeldía también se hicieron presentes en un sector tan distinguido del Palacio Municipal, como el Salón Dorado.

Ya no están físicamente, pero su sola mención llevó a tenerlos bella e inmensamente vivos, terceristas como Mercerat, Cremasco y Duarte, y otros ídolos que el tablón recita como de memoria: Hugo Spadaro, Ribaudo, Manera, Fucceneco y Togneri.

El reencuentro (jamás hubo uno de tamaña concurrencia y tan íntimo entre los ex) estuvo enmarcado en los 128 años de la ciudad de La Plata, reivindicando aquella hazaña del fútbol platense del 16 de octubre de 1968 en Manchester.

El club albirrojo se acopló y, en conjunto a la recién formada fundación Mariano Mangano, movilizó a los que en cada preliminar hacían cantar como en la Primera, cuando la Tercera de Don Miguel Ignomiriello metía y jugaba con resultados avasalladores.

Entre ellos estaba el juninense Hugo Cullerton, delantero que se crió en el Club Ambos Mundos de Juníny que en 1965 se fue a probar a Estudiantes de La Plata y quedó seleccionado.

Después de 45 años, hace un par de semanas, Cullerton recibió una llamada telefónica. Del otro lado de la línea estaba Miguel Ignomiriello. "Levanté el tubo y escuché 'habla Hugo Cullerton?', 'si –le contesté- quién habla?'. Y escuché el nombre de una persona que hacía 45 años que no veía: Miguel Ignomiriello. Juro que se me puso la piel de gallina, no podía ser verdad. "Don Miguel –le dije- no puedo creer que usted me llame, cómo consiguió mi teléfono". Entonces me explicó que estaban organizando un homenaje a la 'tercera campeona' de Estudiantes porque ese equipo nutrió a los campeones del mundo.

Pero igual me quedé con la duda porque pensé que tal vez podía ser una broma de mis amigos. Entonces agarré el teléfono y llamé al Club Estudiantes. Les expliqué quién era yo y le pregunté que pasaba el miércoles 10. La persona que me atendió me explicó que ese día iban a homenajear al plantel campeón del mundo y a los campeones de tercera división que nutrieron a ese famoso equipo. Así que me quedé muy contento; que después de 45 años se acuerden de uno no pasa todos los días".

De esta manera, Hugo Cullerton volvió el tiempo atrás (mucho tiempo) para zambullirse en una época que lo tuvo como protagonista junto a jugadores que, poco tiempo después, llevarían el nombre de Estudiantes de La Plata a lo más alto del fútbol mundial.

"Llegué a La Plata bastante temprano pero igual me fui a la Municipalidad pero las puertas estaban cerradas. De repente veo a un muchacho de traje que viene caminando hacia mí y me dice 'vos sos el zorro Cullerton'. 'Sí, le respondí. 'Y yo quién soy, me pregunta'. En realidad no tenía ni idea quien podía ser. Era el 'Bambi' Flores. Nos dimos un abrazo estupendo y me señaló a un par de muchachos más que estaban esperando; entre ellos estaba Del Curto, un puntero derecho. Y yo, en broma, le dije 'vos sos ese que jugaba de puntero derecho, muy ligero y que tirabas centros'. 'Sí -me dijo-, para que vos y Juan Echecopar hicieran los goles. Yo me rompía todo y ustedes se llevaban la gloria con los goles!'.

Al rato apareció Julio Santella, el preparador físico de Carlos Bianchi. Con él también nos abrazamos, se nos caían las lágrimas. Se acercaban hombres y mujeres más grandes que yo, que nos decían nosotros los vimos jugar a ustedes, nos pueden firmar un autógrafo. A mí me parecía mentira que a esta edad tuviera que firmar autógrafos, no lo podía creer. Pero la gente de Estudiantes es tan fanática que están en todos los detalles.

-¿Y el reencuentro con Miguel Ignomiriello cómo fue?

-Muy emocionante. Nos dimos un abrazo eterno. No se lo quise decir pero Miguel está embalsamado, igual que cuando yo tenía veinte años y jugaba. Me dio un abrazo que casi me desarma y me dijo 'usted desconfiaba que era yo cuando lo llamé por teléfono, verdad?'. Claro, le comenté, porque después de 45 años lo que menos me esperaba era que se acuerden de mi.

-Imagino que habrán compartido miles de anécdotas

-Claro, por ejemplo yo les conté cuando jugamos contra Boca y le ganamos 3 a 0. En realidad ganábamos siempre, por eso nos llamaban la 'Tercera que mata'. Bueno, después de ese partido, a la noche, nos fuimos al baile con Juan Echecopar, Aguirre Suárez, Rubén Bedogni y un par más que no me acuerdo. Estábamos en el baile y de repente se abrió la puerta y entró don Miguel Ignomiriello. Nos queríamos morir porque le teníamos un respeto bárbaro, teníamos 20 años, pero veinte años de antes... Un respeto terrible. Y se acerca y nos dice 'buenas noches, díganme una cosa, ustedes cuándo están más cansados, antes del partido o después?'. 'Y, después del partido Miguel', respondimos todos. 'Entonces hay que ir a descansar muchachos'.

Vivíamos en la pensión así que nos fuimos todos a dormir y ojo con pensar que porque Miguel se había quedado en el baile, nosotros podíamos ir a otra parte. Vivíamos en el primer piso y Miguel a las 3 de la mañana abría la puerta de las habitaciones y controlaba que estuviéramos todos.

En un momento del acto tomó la palabra Miguel Ignomiriello y dijo: "Esta gente hizo grande a Estudiantes de La Plata, vino Flores de Rosario, Cullerton de Junín, etc". Cuando me bajé del escenario con el diploma y la medalla, se me acercó un señor delgado, alto, morocho y me dijo 'vos sos de Junín, te voy a pedir algo. Quiero que a toda la gente de la ciudad que me conoce le mandes saludos míos; yo jugué en Sarmiento, me trataron muy bien y quiero agradecerles por intermedio tuyo'. Era Rubén Koroch.

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¿Qué fue la "Tercera que mata"?

Se denominó de esa manera al equipo de Estudiantes de La Plata que dirigió Miguel Ignomiriello en 1965. La mayoría de sus jugadores jugaron juntos desde la tercera hasta llegar a primera, momento en el cual se iba a convertir en el equipo tricampeón de América y campeón del mundo.

Luego Ignomiriello renunció y Zubeldía se quedó a cargo de este equipo junto al preparador físico Jorge Kistenmacher. De los jugadores que estaban en la primera del club sólo tres fueron con los que contaría Zubeldía: Miguel Ángel López, Chevez y Madero; promovió a cuatro chicos de aquella tercera división: Poletti, Malbernat, Flores y Verón; y solicitó 5 refuerzos: Bilardo, Enry Barale, Hugo Spadaro, Roberto Santiago y Marcos Conigliaro.

Los agasajados

"Tercera que Mata":

Rubén Bedogni, Hugo Cullerton, Néstor De Marta, Néstor Del Curto, Horacio Espinosa, Enrique Flores, Jorge Lafuente, Carlos Mascchio, Hugo Mateos, Rodolfo Orife, Mario Rodríguez, Julio Santella, Luis Zibecchi.

Post-Mortem: Eduardo Cremasco, Santiago Duarte y Hugo Mercerat.