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HISTORIA DE VIDA
Presente, señorita Monona...
El reencuentro de una docente con sus ex alumnos de Primero Inferior. La emoción que vence al tiempo.
28 de septiembre de 2013
Escribe Roberto Torres Redacción de LA VERDAD

La figura del docente es permanente, perpetua. Perdura, prevalece por encima de todo, hasta del tiempo. Y así quedó demostrado: después de más de 62 años los hoy hombres, en aquel tiempo niños, concretaron su deseo de reencontrarse con aquella persona que los fue introduciendo al fascinante mundo del conocimiento, pero también de la vida. En aquel primero inferior de la Escuela 22, la señorita “Monona”, Ilve Zanotti de Tilot.

Monona comenzó su tarea en la docencia, egresada de la Escuela Normal, en la escuela de la localidad de Ferré –partido de General Arenales-, luego –dos años más tarde- pasó a la Escuela 22 (donde ejerció unos cuatro años) pasando luego en el cargo de secretaria a la Escuela 18 y posteriormente fue designada directora de la Escuela Rural número 48 que estaba al lado del predio donde hoy se erige la clínica “La Pequeña Familia”.

“Tengo todo el recuerdo aún vigente de mis alumnos” destacó y así desfilan nombres de chicos que conoció en su paso escolar como el caso de Julio Henestrosa quien actualmente es secretario general del Sindicato Empleados de Comercio o Julio Norberto Massi –locutor de LT 20 Radio Junín- como también resalta que durante su tarea como directora de la Escuela 48, pasó un pequeño Mario Andrés Meoni –hoy intendente de Junín-. “Eran chicos excelentes –rememora- y ahora uno se da cuenta de la necesidad que tenían de conseguir un libro y cómo lo buscaban”.

Así, en una tarde de jueves, en su casa de calle Alberdi, van desfilando recuerdos, nombres –como el caso de Marisa Bauman, Margarita Bauman, Sonia Soulet, Nora Terziani, Ana María Guerrero, entre otros-. Tímidamente, algunos, porque van venciendo las barreras del tiempo. La emoción va ganando ese encuentro del que LA VERDAD fue testigo de la querida señorita Monona con algunos de sus ex alumnos. Junto a ellos, dos de los tres hijos de Monona, Carlos y Héctor –también es mamá de Gustavo, locutor de LT 20 Radio Junín- y uno de sus cuatro nietos, Manuel (la siempre querida señorita Monona tiene otros tres nietos: Juliana, Sergio y Pilar) también miran orgullosamente como su mamá era objeto del más hermoso e inolvidable gesto que un maestro pueda tener: el eterno reconocimiento y recuerdo de sus ex alumnos.

”A veces entró a un supermercado y me gritan: la señorita Monona!!”. ¿Qué mejor recompensa puede aspirar una persona?. “Yo siempre decía: voy a ser maestra, y cuando jugaba en el patio de mi casa, los almácigos de cebollín eran los alumnos” recuerda con un tono de humor Monona, quien nació en la localidad de General Arenales y junto a sus padres y hermanas vivieron un tiempo en un campo, pero luego se mudó a nuestra ciudad.

“Recuerdos lindos del Primario tengo muchos, pero los mejores los tengo con ella y con “la negra” Pavón”, acota uno de los protagonistas de esta historia. Y esta frase sintetiza también ese homenaje a su amada maestra.

En 1980 se jubiló de su profesión a la que dedicó el mismo empeño que en su hogar conformado con Nilo Osvaldo Tilot “un joven que era bancario. Fuimos muy felices, un matrimonio excelente. Unos hijos maravillosos”, dice orgullosamente.

También tiene muy gratos recuerdos de todas las que fueron sus compañeras a lo largo de la carrera docente.

El recuerdo de un ex alumno

Héctor De Giulio escribió estas líneas en homenaje a su maestra de primero inferior.

“Ingresé a la escuela primaria, la número 22 “Centenario”, creo que por el año 1950, al grado de Primero Inferior. El recuerdo que guardo del primer día de clase y de mi primera relación con los chicos y con la “señorita” Monona, es que nos hizo hacer un dibujo en el pizarrón y yo me acuerdo que dibujé un avión, vaya a saber que habría significado...Monona tuvo un trato con todos los chicos muy amoroso, creo que fue muy especial en la contención, por todo lo que significaba para nosotros el ingreso a la escuela primaria. Claro que también, en la medida que fuimos transitando los grados superiores, hubo maestreas, que recordamos con muchísimos cariños, porque fueron, como se dice, nuestra segunda madre y como tal la respetábamos.

En esa época se hablaba de Religión Católica y para graficar había unas láminas con la representación del paraíso y otras del infierno; la imagen que me quedó grabada, y que por otro lado me daba un poco de miedo, era la del infierno donde se veían grandes lenguas de fuego y esos colores rojos tan intensos me asustaban...Por otra parte algo emotivo, era cuando entonábamos la canción “Aurora”, al izar la bandera todos los días, eso me emocionaba mucho y hasta hoy me pasa lo mismo cuando la escucho en algún acto, es que justamente me trae esos lindos recuerdos de mi escuela primaria.

Mi hermana Olga, más chica que yo, concurrió a la misma escuela, es decir: Fue alumna, ejerció como maestra y también llegó a ser directora de la misma Escuela 22. Cuando estuvo a cargo de la dirección, organizaron juntamente con la cooperadora de ese momento, un reencuentro de ex alumnos, me enviaron la invitación y la fotocopia del Registro de Asistencia donde figuraba mi nombre. Cuentan que fue un acto muy emotivo, pero yo no concurrí, igual para los actos del centenario, que se festejaron recientemente. Es que no sé cómo reaccionaría emocionalmente ante todos los cambios que se han producido, se me hace una mezcla de sensaciones y no sabría cómo controlar. Seguramente que los cambios han sido para bien, no podemos negar el progreso que tiene la educación. Pero en mi caso prefiero mantener en mi mente la imagen que tengo del aula con sus pupitres de madera y el tintero de porcelana o vidrio en el medio, cuando ya se empezaba a escribir con tinta, porque primero lo hacíamos con lápiz. Recuerdo el portero (Olivera creo que se llamaba), con su guardapolvo gris azulado, que recorría los salones con la alcuza para reponer la tinta en esos tinteros en cuales se llenaba la lapicera “cucharita”. Más de uno se debe recordar los manchones en cuadernos y en el guardapolvo.

Ya más grandecitos, el juego en los recreos era una delicia, porque además de jugar a la “mancha”, jugábamos a policías y ladrón, consistía en formar dos grupos donde unos teníamos que correr como locos para ir capturando a los otros... Y así estábamos hasta que el toque de campana nos indicaba que debíamos volver al salón”.