19 de mayo de 2013
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 Con Wanza se fue un pedazo de la historia de Sarmiento
Si la militancia ha cobrado un renovado vigor por estos días, de él puede decirse sin temor a exageraciones tontas que expresó la militancia eterna. José Horacio Wanza, hombre de prolongado romance con el Club Atlético Sarmiento, falleció el lunes pasado
en nuestra ciudad. Tenía 84 años.
Se baja el telón para un grande de la dirigencia verde de todas las épocas, que supo trascender silenciosamente a través de varios condimentos que se entrecruzaron: coherencia, humildad, compromiso, honestidad y pasión. Un gran señor del fútbol juninense, con mayúscula. El Negro Wanza no tuvo dobleces ni en el deporte ni en la vida y recorrió el enorme espacio sarmientista siempre con aportes positivos, ya sea en el trabajo incondicional como en la entrega de ideas y opiniones valerosas.
Si uno repasa la historia del club en los últimos sesenta años, es difícil no encontrarlo en las distintas comisiones directivas que se alternaron en la administración de la entidad. Lo suyo fue perfil bajo, cero en vedetismo, pero mil en positivismo.
Wanza siempre fue un fervoroso defensor de las divisiones inferiores, al extremo de estar involucrado permanentemente con esa franja del fútbol amateur. Junto a su amigo de toda la vida, Orlando Mecozzi, luchó a brazo partido para imponer el desarrollo de la cantera del club. No estuvieron solos en la patriada: Alfredo Correa, Edmundo Olmos, Francisco Tótaro, Osvaldo Carricarte, Héctor Castagnola, Ramón Astorga y Luis Piñeyro, entre tantos otros, fueron otros ideólogos de la importancia del semillero.
Ahora que la institución produjo el gran salto hacia la confrontación de las categorías menores con clubes de la AFA, seguramente habrá pensado que su sueño no resultó en
vano.
La memoria es un engranaje fallido que no respeta la cronología cuando hay que escribir, con gran tristeza, una necrológica. Lo primero que irrumpe en el manojo de recuerdos no es meramente literario, sino un montón de imágenes dispersas. Wanza siempre aparece como un apóstol incondicional de Sarmiento, con amor visceral por los colores de su club, a contrapelo de todo aquello que oliera a fanatismo.
Sí, El Negro se murió en silencio el lunes último. Lo lloran sus hijos Horacio y Hebe, sus hijos políticos, sus nietos Jonathan e Evelín, su hermana Edelta y la vieja y nueva guardia del Sarmiento de todos los tiempos.

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