26 de mayo de 2013
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 Un sobreviviente de la guerra relata cómo fue hundido el crucero “General Belgrano”
Los integrantes del Centro de Veteranos de Guerra “Islas Malvinas” de nuestra ciudad han decidido contar sus experiencias personales sobre el conflicto del Atlántico Sur, treinta años después, como una forma de dejar plasmado lo que significó para ellos ese trágico episodio en la historia argentina.
En la segunda entrega de esta serie de notas, LA VERDAD entrega hoy a sus lectores, el testimonio de Pedro Jorge Acosta, pergaminense de origen y juninense por adopción, quien cumplió el servicio militar obligatorio en la base naval Puerto Belgrano, teniendo como destino el crucero “General Belgrano” donde cumplió la función de bombero y control de averías, sobreviviente del hundido barco cuando tenía 18 años.
Junto a él sirvieron en el “Belgrano” otros dos tres pergaminenses: Parra, Fontana y Silva, este último fallecido.
Y rememora: “Yo era gaviota, marinero de mar. Le llaman así al que es navegante, al que está embarcado, a mi me costó cincuenta días adaptarme el encierro, dormir en una cama colgante, los movimientos del barco, ya que como lo mencione antes fue mi primer experiencia que duro doce meses, de los cuales rescato muy buenos compañeros”.
Durante el conflicto, luego de zarpar de puerto rumbo a Malvinas contó Pedro que “se empieza a cambiar la rutina ya uno está más atento ya que sentís que en algún momento vas a entrar en acción, ya no hay tantas risas en el pasillo es todo bastante más serio y buscábamos información de cómo íbamos. No nos daban información y cada vez que teníamos algo, los resultados eran positivos nosotros éramos los ganadores. Navegamos del 16 de abril al 2 de mayo donde fuimos alcanzados por el torpedo del submarino “Conqueror” perteneciente a la flota inglesa”.

Momentos previos al ataque

“La noche anterior al ataque –contó Pedro-, no sé si el capitán tuvo la sensación de que nos iban a bajar, pero esa noche, durante un zafarrancho de combate nos hicieron subir a cubierta con un bolsito, el que usábamos para salir de franco y nos hicieron poner frutas, pertenencias y documentación, nada cortante y que cada cual ocupe su puesto de combate. Estuvimos en cubierta desde las doce del primero hasta las dos de la mañana y al día siguiente, a las cuatro de la tarde nos bajaron. Ese rato durante el zafarrancho fue un poco raro, nunca había sucedido así una sensación distinta. Habíamos estado navegando cerca de la isla de los Estados, al tercer día movimos y nos atacaron”.
“Atacan al crucero –explicó- porque era el que tenia gran cantidad de bocas de fuego, era un barco que “caminaba” muy bien con el ataque aéreo, el crucero estuvo en Pearl Harbor…lo usaban precisamente por eso… Tenía un ataque de 20 kilómetros de distancia. De ahí que fue un blanco para la flota enemiga”.

La agresión
“Cuando nos hundieron –narró- yo cumplía funciones de bombero, después del ataque no tuvimos más de treinta minutos para rescatar gente. Venía durmiendo, me sacó de la cama limpito, es como si hubiera sacado al barco del agua y hubiese caído nuevamente, quedo escorado. Me desperté en el piso salimos para arriba el barco estaba inclinado para uno de los lados. Los que teníamos funciones de bombero tratamos de sacar la mayor cantidad de heridos que pudimos, había muchos quemados, la zona de máquinas fue la más afectada. La mayoría de la tripulación estaba en pánico total”.
Señaló que “el rescate se dificultó ya que a las cuatro de la tarde en el mar ya es casi de noche y había una gran tormenta con olas altísimas que hizo muy complicado que nos pudiéramos alejar con las balsas del barco. Yo estuve media hora trabajando, rescatando compañeros y después me subí a mi balsa, para esto nos habían preparado en los simulacros de emergencia cada uno tenía ubicado su balsa, de cualquier manera la desesperación existía y muchos cayeron al agua por pánico. Cada balsa está preparada para llevar veinte personas. Teníamos un coordinador en la balsa pero nada hacía más fáciles las cosas hubo pánico”.
“Cuando salté a la balsa atrás mío –siguió contando- salta un muchacho y cae al agua, me doy vuelta para agarrar el remo y lo levanto era como agarrar una barra de hielo. Y lo subí, siempre estuve en contacto él, estuvo muy agradecido por esto. Su nombre era Claudio Bossana lo internaron y murió muy joven: Claudio era de Rafaela”.
“El capitán de la balsa nos dijo que tratemos de estar tranquilos que íbamos a ser famosos y que todo lo que habíamos visto había que guardarlo en el corazón y no había que divulgar. Fuimos uno de los últimos en ser rescatados aproximadamente cuarenta horas después del hundimiento un avión de reconocimiento nos diviso y nos rescato el Destructor ARA Piedra Buena, que durante el conflicto escolto al crucero conjuntamente con el ARA Bouchard”, rememoró.
“Nosotros nos quedamos con la sensación de no haber podido combatir. Nos quedamos en el intento de hacer lo que nos habíamos propuesto, nos cortaron las manos antes de poder usarlas”, expresó.
Tras su rescate volvió a Pergamino donde “la ciudad nos recibió, fue duro, mucha gente se acercó a mi casa a darnos las gracias por haber defendido nuestras Malvinas. Recibí a muchos padres y madres destrozados porque sus hijos no habían llegado también viaje a San Nicolás. Fueron momentos muy tristes y difíciles”.
Pedro Acosta también hizo mención a un detalle: “Aún en Puerto Belgrano el capitán del crucero Héctor Elías Bonzon se despidió formalmente agradeciéndonos por todo el tiempo que habíamos pasado con él y nos deseo suerte en el nuevo destino, destacando el empeño puesto en cada una de las acciones”.

30 años después

En su reinserción tras la guerra, Acosta comenzó a trabajar en la ex ENTEL donde fue convocado por su condición de ex combatiente a pesar de lo cual sostiene: “Creo que aún hay mucho por hacer la sociedad todavía no nos reconoció. Venimos de un país de inmigrantes con lo cual es muy difícil que exista identidad nacional”.
Actualmente, Pedro vive en Junín junto a su familia. Sobre su esposa, dice: “Ha sido muy buena compañera para mí y para mis hijos. Ella me escucha, me guía. Es una buena compañera y la admiro porque nosotros estamos abocados a muchas cosas y ella siempre ha sido la que me sostuvo, soy muy fiel a esto Creo ser un papá protector mis hijos María Vanesa, Cintia Daniela, Jorge Sebastián, Lucía Belén, Agustina Soledad, Catalina y Josefina”.
“Hoy –reflexiona- ya a treinta años los recuerdos siguen apareciendo como imágenes, sensaciones encontradas, por un lado cierta sensación de venganza por el daño, por lo injusto. Una y otra vez tengo la sensación de tristeza por haber vuelto, tener que terminar el servicio y que nadie venga después a preguntar si necesitábamos algo, es una mezcla de sensación de abandono e impotencia. Hay muchos compañeros que aunque hayan vuelto quedaron allí, que están muy mal, que aun hoy están muy mal”.
Y añade: “Mi familia me contiene mucho pero sigo y seguiré siempre pendiente una sola cosa, Malvinas. En la lucha por la memoria y el reconocimiento, por dejarle a mis hijos la tierra por la que peleamos un país que sea verdaderamente Argentino que nuestras islas sean nuestras que formen parte de nuestra tierra y a esa mancha de sangre que quedará por toda la vida que son nuestros soldados que no regresaron, nuestros héroes honrarlos por siempre. Viva la patria, viva las Islas Malvinas”.



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sobreviviente Crucero General Belgrano Malvinas
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