Locales | Otra mirada |
|
|
|
 |
|
Feos, sucios y malos |
|
|
|
La formación es siempre un todo, jamás un mecanismo de descarte.
|
|
Escribe Omar Bello
UNNOBA: Su peor alumno
“La principal causa de abandono creo que está relacionada con la falta de saberes previos y falta de costumbres, rutinas y organización en el estudio. Los chicos llegan sin método de estudio, no saben cómo organizarse…”, aseguró sin ponerse colorada Danya Tavela, vicerrectora de la UNNOBA, en relación al dato concreto (aportado por ella misma) de que el 30% de los alumnos de dicha universidad abandonan la carrera durante el primer año de estudios; respuesta que en términos futbolísticos podría interpretarse como: “Tirar la pelota afuera” y no hacerse cargo.
Con todo cariño señora vice, pretender que los chicos entren a la universidad en esas condiciones ideales que usted demanda, es más o menos como creer que se puede vivir adentro de Disney, charlando con Mickey y sus amigos en un idioma de fantasía.
Seguramente, las causas de semejante nivel de deserción son múltiples y el desempeño de la institución que usted dirige, por lo menos en materia de contención y retención de alumnos, deja bastante que desear. Para una universidad (especialmente una pública) la deserción debería ser fuente de vergüenza e impotencia, no materia de análisis discursivo en los medios.
En caso de tener, según sugieren sus dichos, tan claro el diagnóstico, lo primordial sería poner manos a la obra y entender que los errores previos no pueden ser utilizados a manera de excusa por un claustro educativo que, medido en términos objetivos, “escupe” personas. La formación es siempre un todo, jamás un mecanismo de descarte; mucho menos si las deficiencias obedecen a fallas previas de un sistema educativo general del que todos formamos parte.
Mr. Músculo
“La ciudad más limpia no es la que más se barre sino la que menos se ensucia”, interesante slogan que podría parafrasearse en otros contextos: “El mejor hospital no es el que atiende bien sino el que menos enfermos tiene”, o “La ciudad más rica no es la que mejor distribuye sus ingresos sino la que menos pobres deja llegar al centro”.
Entrar a la página web de ASHIRA, la empresa encargada del servicio de recolección de residuos en Junín y varias ciudades del interior, es toda una experiencia. Por un lado, está llena de “ruiditos” tecnológicos y gente linda que sonríe con cara de estar trabajando para la NASA; por otro, nos recibe un texto que trasunta importancia: “Día a día, ASHIRA S.A trabaja en comunidades distribuidas por todo el país brindando servicios esenciales a más de un millón de personas, utilizando una flota superior de ciento ochenta vehículos, equipos y un plantel aproximado de seiscientos empleados…”. No vale la pena continuar detallando pero lo que sigue incluye términos tan trillados como “compromiso con la calidad”, “integridad” y “orgullo”.
Sin olvidar el viejo y querido (todo un clásico del mundo de la publicidad) “enfoque en las necesidades de nuestros clientes”. El slogan es bueno y no deja de decir la verdad. Ahora bien, según puede verse en las fotos, a veces un exceso de barrida tampoco caería mal; es eso o creer en la existencia de Mr. Músculo.
Feos, sucios y malos
Los juninenses que andan en moto sin casco son imprudentes y manejan mal. El agua falta porque los ciudadanos la derrochan sin ningún tipo de conciencia ecológica, y algo parecido ocurre con la luz que durante el verano se corta a cada rato. Quejarse por la suba de impuestos resulta inmoral ya que no se trata de aumentos sino de equilibrios distributivos sociales: Pagan los que más tienen, “cuento” que termina considerando pudientes a todos los habitantes del planeta tierra.
Claro que pocos funcionarios hablan de sus errores a la hora de estructurar el transporte público local, exigir reinversiones en las empresas de servicios, o implementar estrategias creativas de gobierno que permitan soluciones alternativas al automático incremento de tasas, más propio de la edad media que de una democracia pujante y desarrollada.
En los últimos años, particularmente dentro del estado y las empresas que manejan la “cosa” pública, creció sin límites la tendencia a confundir conducción con tarea educativa.
Todos sienten que deben enseñar algo aunque su rol fundamental pase por conducir y solucionar problemas. La onda didáctica es un subproducto negativo de las campañas de concientización. Porque una cosa es divulgar determinados temas de interés público, y otra muy distinta creer que todo se reduce a trasladar responsabilidades a terceros.
Un gran objetivo estratégico para la UNNOBA podría pasar por reencauzar todos sus recursos (económicos y técnicos) hacia programas efectivos que rompan las estadísticas en materia de retención, y barrer de más quizá también logre resultados. Está claro que para muchos dirigentes que en realidad se dedican a ejercer la docencia, todos somos feos, sucios y malos; en una de esas de tanto admirar sus propias palabras lo que ven es su imagen reflejada en el espejo.
|
|
|
|
Bello
otra mirada
feos, sucios y malos
|
 |
|
|
 |
|
|
|